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Sales del vagón de metro, coges el pasillo que comunica una línea con la otra. Sin ir rápido, te diriges hacia el punto del transbordo donde en el suelo hay una pequeña rejilla-desagüe. La punta de ambos zapatos (mejor redonda, así será más impactante el intento equilibrista por mantenerte en pie) se enganchan en el minúsculo reborde de unos dos milímetros y vas cayendo al suelo. Todo ello en medio de un montón de personas que caminan en ambos sentidos. Notas como la caída va a cámara lenta, se ralentizan esos segundos y te sale un alto y claro: MIERDAPUTAJODERRR, al ver que tu cara le dedicará unos arrumacos y tiernos besos al suelo. Parece que tu cuerpo reacciona y paras el impacto con las palmas, rodillas y punta de los pies. Oyes clac, acompañado de un fuerte latigazo que hace girar tu cuello hacia atrás y clava en un sordo impacto caderas y lumbares. Un ahhh-ayyy como guinda. Me levanto con gracil saltito y varias personas (escuchadas con un filtro de distancia por la caída) me preguntan si necesito ayuda. Agradecida, sonrojada y avergonzada, a la vez que me sacudo las medias y miro que no tengo sangre en manos y rodillas, me disculpo por los improperios vertidos mientras hago una broma. Intento caminar normal, pero un temblor e inestabilidad recorre mi cuerpo. Llego a mi destino, recojo el encargo y regreso por donde llegué. En casa empieza a dolerme todo, tomé unos analgésicos y así poder dormir mejor. Hoy me duele cada milímetro de mi cuerpo. A ver si mañana estoy menos dolorida…
Hasta aquí la primera clase de como caerse en los transbordos con gracia y glamour. Muy buenas tardes y ¡¡¡ayyyy!!!

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Serán las hormonas, el otoño veraniego, el tener los ojos en un lugar que no me encaja, el querer cambios que sacudan mi mundo… Me apetece amor…

Me apetece amor, del correspondido, del que compartes mil gustos, opiniones y ves el horizonte a la misma distancia de los dos.

Me apetece amor, donde la pasión y el intelecto se mezclan en la combinación perfecta y el sentido del humor salpimenta nuestros momentos.

Me apetece amor, para compartir silencios, pensamientos absurdos, de planes y viajes que se materializarán, ir a conciertos, exposiciones, teatros, cines, vaguear en el sofá, ver atardeceres y amanecer entrelazados.

Me apetece amor, vivirlo en su plenitud, creciendo y cuidándolo, aprendiendo, respetando, enriqueciéndonos.

Me apetece amor, justo ahora que mi vida es un caos sin tiempo, justo en el momento que no puedo hacer planes, justo cuando mi vida está paralizada al tener responsabilidades que ocupan los siete días de la semana.

Será por todo o por nada en concreto, por sentir que vuelvo a estar preparada aunque la ocasión me salude desde otro tren, me apetece amor y lo espero…


Era después de San Juan, disfrutábamos unas pequeñas vacaciones en el sur de Sardegna, días llenos de sol, cultura y vida.

Habíamos quedado temprano con nuestra guía para visitar la necrópolis de Montessu y parte de la costa de Chia. Paramos un momento para recoger las entradas a ese antiguo y maravilloso lugar, cuando mi mirada captó algo que nunca antes había visto: ¡Burros albinos! Dije en voz alta y las tres nos quedamos absortas mirándolos. Entre risas y curiosidad me acerqué para verlos mejor, mi cara se asemejaba a la de un niño que se siente explorador cuando juega en un parque nuevo.

Mi hermana y la guía fueron a por agua, íbamos a estar un par de horas paseando con un sol potente de compañero, dejándome sola ante aquellos bellos animales. Estaba a un metro de la reja, cuando uno de ellos vino corriendo hacia donde yo me encontraba rebuznando como un poseso y su virilidad animal toda erecta para darme la bienvenida a su hogar. Me quedé petrificada, colorada y ojiplática ante tal tremenda y surrealista imagen. Sólo escuchaba: “Hiiaaaaaa, hiiiiiaaaaaa, hiiiiaaaaa”.

Una gran risotada salió de mi interior al ver la euforia provocada en ese descarado animal. No daba crédito: ¡Había ligado con un burro albino! He de decir que nunca he vivido una experiencia similar-animal en mi vida. Al escucharme, mi hermana y la guía vinieron corriendo pensando que me había ocurrido algo y ante la situación no pudieron contener las carcajadas. Suerte que la reja nos separaba, porque la anécdota hubiera tenido un final feliz para el burro y traumático para mi persona. 

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Imágenes reales de los compañeros del príncipe albino, el susodicho  aún no había hecho su grandiosa aparición.


…Decides desconectar, salir de algunos lugares reencontrando antiguas y queridas costumbres…

 

 

 

Jpeg

Jpeg

 

 

La mañana empieza sonando levemente el despertador, apagándolo a tientas con los ojos casi cerrados, el mismo ritual entre suspiros soñolientos. Remoloneas unos minutos y sin pensarlo dedicas tu energía para dejar la cálida cama.

Tras la ducha la misma tostada y zumo mientras escuchas el rumor de un bucle de noticias. Horas de búsqueda, de correos sin respuesta, sigue la rutina entre compras y cenicienta sin cuento.

Decides alejarte del ruido cotidiano, sentándote a leer en el banco de una pequeña y escondida placita perdida de miradas vacías. Respiras hondo, un aroma a rosas hace más tangible el espacio-tiempo. Tu tiempo, algo olvidado hasta hoy. 

Sonriendo observas cada fotografía que capta tu mirada, retazos de pequeños detalles: una ventana rota, la pequeña moldura de una puerta con más de cien años, tiendas con fruta madura por el calor, ropa tendida en balcones y ventanas de callejuelas oscuras…

Las rosas, ese dulce y embriagador perfume sigue tus pasos, en una pequeña floristería compras un ramo variado, hacía años que olvidaste lo bien que lucen en casa.

Nada y todo ha cambiado, no, eres tú. Sí, ese impulso al volver a aquella plazuela movió las agujas del reloj de la memoria, de quien eras, devolviéndote al lugar que habías olvidado.


¿El amor nos mira o sólo somos un reflejo de su mirada?

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Amor, palabra usada desde miles de años intentando explicar, entender, lo que es . Exponen ejemplos, teorizan, realizan estudios y siguen sin comprender que el amor no se explica: Se vive, se siente, duele, acaricia, muerde, abraza, vuelve del revés tu interior, cambia la piel, la mirada, se dulcifica tu existencia y lo que te rodea.

No todos tienen las mismas sensaciones, sentimientos, ni la pasión, ternura, frescura, locura, pasividad, apatía al vivirlo;  hablar, callar, compartir, jugar, disfrutar, gozar en cada momento juntos, separados, unidos. Discrepando, queriendo, concordando, aprendiendo, cuidando, animando, calmando, creciendo al andar en el mismo sentido del camino.

En el amor te reconoces, le reconoces, iguales, desnudos, cómplices de una unión que a nadie más pertenece y es ahí, cuando te sientes más libre.

Miras, lo ves y sabes que quedaste atrapado en su red invisible a los ojos del resto.