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Existía un lugar donde llegaban los paraguas que se perdían u olvidaban. Paraguas grandes, pequeños, de diferentes colores y estampados, sin tener la oportunidad de mejorar las vidas de quienes los llevaran. El encargado de aquel lugar veía caras faltas de sueños e iusiones, y se le ocurrió poner en una caja los paraguas con el rótulo: “Se cambian llaveros mágicos, por paraguas que bailan bajo la lluvia”
La gente intrigada se acercaba a mirar y con una sonrisa dejaba un llavero al escoger su paraguas. Tuvo tanto éxito que en menos de una semana tenía un montón de llaveros con diferentes formas, muchos de ellos eran de lugares muy lejanos y ya sólo quedaba uno.

Jpeg

¿Te atreves a cogerlo y poder bailar con él en los días de lluvia?

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…Decides desconectar, salir de algunos lugares reencontrando antiguas y queridas costumbres…

 

 

 

Jpeg

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La mañana empieza sonando levemente el despertador, apagándolo a tientas con los ojos casi cerrados, el mismo ritual entre suspiros soñolientos. Remoloneas unos minutos y sin pensarlo dedicas tu energía para dejar la cálida cama.

Tras la ducha la misma tostada y zumo mientras escuchas el rumor de un bucle de noticias. Horas de búsqueda, de correos sin respuesta, sigue la rutina entre compras y cenicienta sin cuento.

Decides alejarte del ruido cotidiano, sentándote a leer en el banco de una pequeña y escondida placita perdida de miradas vacías. Respiras hondo, un aroma a rosas hace más tangible el espacio-tiempo. Tu tiempo, algo olvidado hasta hoy. 

Sonriendo observas cada fotografía que capta tu mirada, retazos de pequeños detalles: una ventana rota, la pequeña moldura de una puerta con más de cien años, tiendas con fruta madura por el calor, ropa tendida en balcones y ventanas de callejuelas oscuras…

Las rosas, ese dulce y embriagador perfume sigue tus pasos, en una pequeña floristería compras un ramo variado, hacía años que olvidaste lo bien que lucen en casa.

Nada y todo ha cambiado, no, eres tú. Sí, ese impulso al volver a aquella plazuela movió las agujas del reloj de la memoria, de quien eras, devolviéndote al lugar que habías olvidado.