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Soy barcelonesa, he pasado miles de veces por Las Ramblas, justo en todo el tramo donde unos descerebrados adoctrinados en una falsa interpretación de fe, arrebataron en segundos las vidas de quienes paseaban por allí, de familiares, amigos, conocidos, ciudadanos… Ese día a todos se nos rompió algo en nuestro interior.

Justo hacía un par de días que había estado callejeando por esas calles que me conocen, que se mimetizan con tu cuerpo, con tus pisadas, con tus risas y cientos de guiños convertidos en abrigo.

Por temas familiares no pude ir hasta el lunes, y sigo con la piel erizada, las manos temblorosas al recordar mis pasos hasta allí. Escribí estas palabras con mucho dolor y esperanza, ya que mi ciudad es y será grande, fuerte y llena de vida.

 

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Piernas temblorosas, el corazón acelerado y los ojos empañados al ir acercándome a Las Ramblas. Imágenes de todo lo sucedido pasaban a toda velocidad por mi mente. Llena de gente como siempre; a pesar del duelo que llevamos. El nudo en la garganta, dificultaba mi respiración al observar algunos de los altares con tantas muestras de cariño y apoyo a todos los que abogamos por la paz. Homenajes altruistas iluminados por la luz que desprendía toda la calle; luz de esperanza, amor y pluralidad viviendo todos juntos, en armonía y sin miedo…

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En algún momento necesitamos una mano que nos agarre con fuerza para saber que somos reales…

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Suspiras, sin poder verbalizar las palabras que se pelean por salir ametrallando sin filtro a quienes tienes delante y callas tras volver a suspirar.

Calma, paciencia, calma, paciencia, calma, paciencia, cal… Me repito mentalmente, cerrando los ojos y controlando la respiración para calmar ese pulso que resuena en mis oídos.

Miro un año atrás y todo era muy diferente, por lo menos yo lo era. Sabía quien era, me reconocía, tenía mis más y mis menos pero la felicidad era el perfume que usaba. Sin avisar, un día llegó un inquilino no deseado, intenté resistirme, echarle, pero es de los que vienen para quedarse te guste o no. Sí, hablo del Sr. Alzheimer, no quiero tutearle ya que lucho cada día contra él. Decidió que mi padre era el cuerpo ideal para quedarse a vivir ; la impotencia y la tristeza, de no poder evitarlo me dejaron aletargada, catatónica, llorando todo lo que tenía que llorar cuando nadie me veía. No te puedes permitir estar triste al girar la ruleta.

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Es un dibujo que hice justo unos días después de saber que mi padre tiene alzheimer. Era mi forma de expresar lo que significa esa enfermedad.

Meses extraños buscando información, ayuda sólo para quien puede pagarla. Si vives de alquiler no te adaptan el baño para evitar obstáculos, en cambio si eres propietario te dejan el baño niquelado. Suerte que funcionan tan bien los servicios sociales, no sé a quién, para mi son meros expectros.

De la teoría a la práctica hay un abismo que las separa en vez de acercar, cada persona es diferente al igual que los caracteres y comportamientos. Es vivirlo y tener mucha paciencia, comprensión y cariño. Se me olvidó decir que mi madre también tiene pérdidas de memoria, pequeños lapsus, a nivel de comprensión está más lenta y ver como su marido va perdiendo su esencia, le aterra. Le ha hecho más insegura, vulnerable, no quiere que la visite un neurólogo, así que en vez de uno tengo a dos personas que están cambiando su luz, personalidad. Contestones, caprichosos, desinhibidos verbalmente, de la risa al llanto y enfado pasan en segundos. Y yo, intento estar, hacer todo lo que puedo, pero cuesta, ya que perder la paciencia o exasperarte tras repetir varias veces lo mismo, acabas explotando y gritas, te enfadas, aunque al momento reacciones te has equivocado al gestionarlo: no puedes flaquear.

Los nervios los llevo y durante meses he estado más recluida, encerrada en mi misma, todo por asimilación y también porque ellos se vuelven más indefensos. Surge un egoísmo controlador sobre tu persona, no quieren que te separes de ellos, pero has de vivir, tener tu espacio, válvulas de escape. Ha hecho que me engorde más de 15 kg, no me reconozco no soy yo, he de volver a reencontrarme aunque cuesta.

La familia, ¡bien gracias!, un hermano que no existe, con llamar cada quince días unos minutos se cree el hijo del año. No se puede pedir nada a alguien que tampoco se preocupa de sus hijas y su nieto. Mi hermana si está, es mi compañera en este viaje, aunque le está costando mucho asimilarlo, está siendo mucho más duro para ella, pero se esfuerza y saca entereza. Suerte que me puedo apoyar en ella y en mis amigos. El estar en paro no me ayuda, ya que no tengo horas en las que desaparecer y desconectar, y no quiero llegar a tener el “síndrome del cuidador”, me niego a que me absorba, siendo una cuerpo inexpresivo y depresivo. ¡A mi no!

Por eso cuando me miro al espejo y no me reconozco me enfado porque sé que estoy tras esos kilos de más, tras esa apatía que a veces me abraza, tras la entereza que es mi coraza. Suerte que soy de tomarme con humor las cosas y ver partes buenas de todo lo vivido. Ésta es una enseñanza de amor, de paciencia, de generosidad y de volver a vivir intensamente cada momento que es sólo mío. Ganaré aunque pierda, porque siempre he sido de las que creen que todo se ha de hacer en vida y para poder avanzar tienes que estar tranquilo y reconciliado con tu pasado, sin esquirlas que hagan mirar atrás sangrando ira y dolor.

Ahí estoy, sabiendo que “esa, no soy yo”, pero en breve volveré a reconocerme y eso sólo se consigue con fortaleza y tesón, ya he recuperado algunas viejas costumbres como dibujar, escribir en diferentes redes sociales, salir más con mis amistades, ver películas o series, hacer actividades culturales… Poco a poco, sin olvidar que estoy con ellos y que he de ayudarles.

…No soy yo, porque un velo gris de incertidumbre y desvelo de lo que está por llegar ha querido taparme. Ha llegado el momento de pintarme de nuevo. Mi vida y yo volveremos a ser chispeantes…


Adrenalina, sentir que el corazón te va a mil, volar, la velocidad de la vida en tu cuerpo…

Esas sensaciones son vibrantes, excitantes, te hacen alucinar y disfrutar mezcla de la necesidad de vivir al límite, en determinados momentos puede estar bien, incluso genial. Mas yo tengo numerosos momentos en los que pequeños hechos se convierten en divertidos, excitantes y deportes de riesgo (en algunos casos).

Retrocedamos unos días, exactamente al día 1 de enero de este año, sí empezó bien el 2017. Me había pasado la mañana cocinando, venía toda la familia a comer, quería que todo estuviera perfecto y claro los nervios se apoderaron de mi. La cocina era territorio prohibido hasta que terminara, justo media hora antes de que empezaran a llegar. Respiré hondo y fui a darme una ducha, la ventana tiene doble abertura y por norma la tenemos batiente. Me encanta que el baño se convierta en una especie de sauna y fui a cerrar la ventana tocando ligeramente el cristal con un dedo. Cuando al cerrarse casi sin impactar se rompe en numerosos trozos el cristal, saltando por todas partes y cortándome la yema de ese dedo. ¡Bien! Saliendo sangre a borbotones (es una zona escandalosa como pasa en la cara), desnuda, la ventana tuneada con un agujero abstracto y yo intentando ducharme entre un ataque de nervios con la mano envuelta en papel higiénico. Me ayudan a limpiar los cristales, me curan el corte, era más pequeño de lo que aparentaba y todo ello en un tiempo récord. Suena el timbre, llega la familia todo está en orden  y justo cuando estamos preparando los vasos, mi madre se piensa que lo voy a coger y ¡pam! El suelo lleno de numerosos microcristales espacidos por cada rincón de la cocina. Esta vez ni lo toqué, será que tengo ojos en la nuca y repelencia hacia vídrios y cristales. Al grito de: ¡Tranquilos, no pasa nada, pero que los niños no entren en la cocina! Risas nerviosas, absurdas, el ágape perfecto y vino para ayudar a reír un poco más. Finalmente la felicidad nos embarga a todos, acabando la tarde con bingos y karaokes en el comedor.

Durante un par de días la ventana tuvo este aspecto personalizado y un poco deportivo.

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Acerquémonos más en el tiempo, justo hace dos sábados, una relajada mañana. Desayunaba tranquilamente con el silencio de la mañana y el sol acariciando mi cara, placeres que envuelven tu cara con un halo de felicidad, mientras piensas en lo privilegiada que eres al disfrutar de ese mágico y plácido momento. Como un jarro de agua fría de realidad, que saca de cualquier abstracción, escucho decir a mi hermana entre nerviosa e histérica: -¡La caldera! Grddfrfghasxvutgbchbdwedcvdd (no voy a reproducir todos los improperios que soltó, para evitar dañar vuestros delicados ojos) ¡Se ha estropeado!- La miro con cara de “yuhuuuu, me va tocar arreglarla y no tengo ni idea”.

Tras tranquilizarla y decirle que me contara lo que sucedía fui a buscar el manual de ese aparatejo. -Hace una luz roja parpadeante y sale “E100”, se ha estropeado y ahora ¿qué?- Busco en el manual y ponía que estaba baja de presión. Teníamos que buscar una llave revestida de plástico rojo, girarla, en caso de que no funcionara quitar el alambre que la sujetaba. Vale, pensé, aquí dibujé algo rectangular vamos a mirar.

Tras situarme en el pequeño espacio y con mis dotes de contorsionista, encontré el rectángulo (olvidé apagar la caldera) y siguiendo las instrucciones quité la arandela y giré la llave. ¡Bien! Subía y al momento volvía a bajar. ¡Puñeta! Así hasta que mi querida hermana suelta:- ¡gira más!- Sin rechistar giro más la llave y la aguja de la válvula se pasa llegando al 4 (debe estar entre el 1 y el 2). Cojo el manual y dice que hay que abrir un grifo para que se llene el depósito de agua. Ambas, unas lumbreras abrimos el grifo de la cocina, aquello no bajaba, los nervios creciendo y la paciencia se había ido a tomar viento fresco. Tras releer el manual (sí, teníamos un día muy torpe y yo iba dopada por una contractura en el hombro, así que nuestra agilidad mental estaba reducida a menos cien), vi que se refería a un grifo que tiene la caldera, claro, ¡qué guasones como es tan visible a simple vista! Abro el grifo y un gran chorro en plan aspersor tsunami empieza a mojarlo todo, y yo recibiendo una ducha de agua sucia. La aguja empieza a bajar, ¡bien! al cerrarlo volvía al maldito 4. Grrrrrrr, vuelvo a girar el grifo y ya esta vez me pongo chorreando de pies a cabeza, inundándolo todo. Paro el grifo y otra vez igual, la maldita aguja vuelve a subir. Me quito la ropa, apañando con un foulard una especie de sujetador y en braguitas, como cualquier día veraniego para tomar el sol, pero con 5° de temperatura y bien refrescada con el sifón de antes. Tras quitar el agua del suelo, tenía claro que esa caldera no podría conmigo.

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Ese es el grifo y su rosca escondida…

 

Sólo faltaba haberme puesto en la cara pintura de guerra, era un duelo personal y tenía que ganar. Cogí un cubo, porque ya no iba a empaparme como antes y volví a abrir el grifo (jejeje, esta vez el control estaba en mis manos), la aguja bajo y volvió a subir. Mi enfado había pasado a cabreo sublime, ¿qué sucede? ¿por qué? En ese momento me di cuenta que no había apagado la caldera. Sí lo sé, es lo primero que debería haber hecho, pero mira no soy una entendida en calderas. ¡Y se hizo la magia! Al volver a abrir el grifo la aguja se situó entre el 1 y el 2 y se quedó quieta. ¡Aleluya! Cerramos grifo, coloqué todo en su sitio y encendimos la caldera, el mensaje de error E-100 había desaparecido y todo volvía a la mormalidad.

Me fui directa a darme una ducha caliente y embutirme entre mantas, en el sofá, necesitaba un merecido descanso.

Son dos pequeñas anécdotas de las muchas que me pasan a diario, ¿buscar adrenalina en deportes o actividades de riesgo? ¡No, gracias! Con mi día a día voy sobrada jejejeje

 

No olvidéis sacar la lengua a la vida y dedicarle unas risas…

 

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Sutil es la línea que separa al “amigo hipócrita” del simple conocido que sigue en tu vida para cotillear y poder trocearte en minúsculos pedazos.

Al girarte, disecciona cada átomo con críticas, ninguneos, burlas y demás palabras de desdén recubiertas de una maldad teñida de envidia acomplejada y aplaudida entre sorna por otras supuestas amistades comunes.
¡Gracias, cobarde amigo! Por ser tú quien se dedica a prodigar sin ejemplo; el que se cree con derecho a recibir todo tipo de atenciones y aplausos, aunque seas un ridículo de palabras y hechos. Seleccionas víctimas, a veces por la falta de autoestima, rivales en tu atrofiada mente, destinadas a ser destruidas. En otras por mantener entretenida tu aburrida vida, externa e interna, y así poder ser protagonista de vidas ajenas.

Lo veo todo, sigo estando pero un poco más lejano, que siga con su absurdo comportamiento pensando que no me
he dado cuenta (me digo a mi mismo).
Pero la cercanía es cautelosa, sigues dando oportunidades por todo el cariño de tantos años, tantos recuerdos y amistades en común.

Da igual lo que te suceda, le resbala, te
ignora; eso sí, a personas desconocidas con las que no tiene contacto y supo de ellas por ti, a ellas si que dedica atenciones enjabonadas. Actos forzados y exagerados para que lo veas, hay que reírse ante ese folletín de cuarta fila.

Llega un día donde le sucede algo fuerte, le das tu apoyo, pero no puedes estar presente y es ahí cuando aprovecha para dar la estocada intentando ridiculizarte ante su comparsa circense, aprovechando esos otros hundir más el cuchillo y poder decir: ¡yo también soy igual de hipócrita que tú y necesito lucirme!

Aplausos a esos “amigos hipócritas” lo habéis conseguido, tenéis vuestra cloaca para vosotros solos, tranquilos por mi, prefiero bañarme en aguas transparentes.

Pd: ¡Qué te vaya bonito!, pá ti no estoy…