Posts etiquetados ‘ayuda’


En algún momento necesitamos una mano que nos agarre con fuerza para saber que somos reales…

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Había amanecido con el día girado, el despertador no sonó, el coche estaba en el taller y llovía. La prisa entorpecía cada paso, dando innumerables paseos al olvidar las cosas que debía coger; todo se conjuraba en su contra aumentando el nivel de nerviosismo y la frustración de la situación. Bebió un poco de zumo y mientras bajaba las escaleras aprovechó para comer una tostada. ¡Crash! Se escuchó al caer tras saltar los dos últimos escalones. ¡Nooo!, salió de su dolorido cuerpo tras chocar contra el suelo. Unas lágrimas de rabia y dolor desdibujaban el maquillaje de sus ojos. Intentó incorporarse, era inútil, no podía por el daño que tenía en su tobillo. En ese instante se dio cuenta que se había roto el pie, buscó el móvil en el bolso, no sabía donde estaba. Al alzar la mirada lo vio, destrozado a su lado, no funcionaba. Empezó a gritar pidendo ayuda, mas el silencio era su única respuesta.
Pasaba el tiempo y no había nadie, intentó arrastrarse hasta la puerta, desde allí no podían verla en la calle. Poco a poco, con las fuerzas flaqueando, temblorosa y la respiración entrecortada llegó hasta el portal. Empezó a golpear el cristal, gritando, los transeúntes la miraban extrañados pero nadie se acercaba. Suplicaba ayuda mientras seguía aprisionada en el interior del edificio. Una anciana apoyada en su bastón, se paró extrañada al verla, ella sacando fuerzas para que su voz fuese entendible, le rogó que buscara o llamara a alguien que pudiera sacarla de ahí. Con una sonrisa y palabras tranquilizadoras, la mujer llamó a una ambulancia.
Antes de subirla a la camilla pidió que se acercara la anciana, le cogió la mano y tras besársela le dijo: muchas gracias señora, me gustaría agradecerle lo que ha hecho por mi. La anciana sonriente se fue sin pronunciar palabra alguna.
Cuando pudo regresar a casa, preguntó por aquella mujer en todo el barrio, nadie sabía de ella. Estaba apenada por no poder agradecerle su desinteresada ayuda. Pasaron las semanas, caminaba lentamente con muletas por la calle y en una esquina vio a una castañera. Hacía frío, empezaba a tener hambre, se acercó y al mirarla vio que era aquella anciana que la salvó.


Todos tenemos la responsabilidad de hacer algo para pararlo!!!

El pasado viernes fue el día Internacional contra la violencia de género, en el que se recuerda a todas las víctimas que tienen miedo, a las que intentan escapar, las que han logrado salir de ese infierno y las que se quedaron en el camino.

Esta árdua tarea por concienciar a todos sigue siendo el talón de Aquiles de nuestra actual sociedad. Por desgracia no se trata de una moda pasajera, o que afecte sólo a una determinada clase social, no distingue entre razas, género, dinero y cultura.

Todos somos partícipes, todos nos podemos ver afectados y es responsabilidad de todos acabar con ella. Por ese motivo:

                       ¡¡¡TOLENCIA CERO A LA

                       VIOLENCIA DE GÉNERO

                       Y DE  CUALQUIER TIPO!!!

Historia 1:

“… Son las once de la noche, la mesa sigue puesta y están esperando sentados la mujer y los dos hijos. Se abre la puerta y tambaleándose aparece el marido totalmente ebrio.

-Marido: Mujer, qué hacen los niños despiertos? (dice gritando y muy malhumorado)

-Mujer: Están esperando para cenar los cuatro juntos. (la voz le tiembla, el miedo se puede observar en su mirada)

-Hombre: Tú lo que quieres es que me vean borracho, que se avergüencen de su padre y piensen que soy un fracasado… (da un golpe en la mesa y tira la silla)

-Mujer: Pero qué dices, (entre sollozos, balbucea) si siempre te quejas que están durmiendo cuando llegas. (Da un respingo al ver que avanza hacia ella)

Coge el mantel y tira todo lo que había en la mesa, platos y vasos rotos en el suelo mezclados con la comida. Él la agarra del pelo y la tira al suelo, diciéndole con voz desafiante:

-Hombre: Mira lo que has provocado, es culpa tuya por tener a los chiquillos esperándome.

Los niños están aterrados, intentando agarrarse a la pierna del padre con sus manitas y entre lloros pidiéndole que deje a su mamá. Él los aparta con una sacudida y vuelve a por su mujer…”

Historia 2:

“…De novios las discusiones eran constantes y los gritos junto a zarandeos eran el día a día en esa pareja. Él tenía que demostrar que era el macho dominante, ser dos años menor que ella durante la adolescencia le hizo crecerse mucho. Llegó el embarazo él le empezó a decir: fea, gorda, torpe, ya no me pones, antes estabas buena y ahora me das asco…

Pasó el tiempo, él seguía incitándola a que se adelgazara y se convirtiera en una barbie. Ella, sumisa aceptaba sus malos modos excusándole por el estrés laboral. Él se jactaba cuando traía a sus amigotes a casa, delante de ella, de la mujercita tan buenorra que tenía, comparándola con una geisha.

Intentaba sonreir, pero en su interior hervía de furia y acababa contestándole con tono burlón, quitando hierro al asunto. Desde que se casaron había evitado las discusiones en público, ella quería dar la imagen de pareja modélica. Anteriormente había pedido ayuda, consejo a su familia y sólo obtuvo un -“Hija es muy joven, ha de madurar. Ten paciencia ya verás como todo cambia. Y no seas tan contestona, ya sabes que te pierde la boca“-.

Un día, después de acostar a las niñas, se sentó en la cocina y encendió un cigarrillo, él llegó y le molestó verla allí tranquila. La discusión tomo cariz muy fuerte en cuestión de minutos. Ella se encendió otro cigarro, mientras proseguían los gritos. Cada vez estaba más cerca de ella, la agarró de los hombros empujándola contra la pared mientras la humillaba. Ella no se quedaba callada siempre replicaba, no era una mujer sumisa y él levantó la mano para propinarle una bofetada.

En ese momento apagó el cigarrillo en la cara de él, desafiante con ese comportamiento demostró que no iba a aguantar más gritos, empujones y humillaciones…”

Historia 3:

“…Ya había pasado más de media hora desde que discutieron, parecía que el ambiente enrarecido por los gritos, faltas de respeto anteriores empezaba a calmarse.  Se dirigía a su cuarto, la luz del pasillo y de las otras habitaciones estaban apagadas, aun estaba nerviosa y quería estar un rato a solas.

Sin poderlo evitar él se abalanzó sobre ella cogiéndole del cuello con ambas manos, la mirada de ella se llenó de lágrimas y pánico. Su cuerpo se paralizó en ese momento, no podía defenderse, no entendía como había podido cruzar esa línea.

Su mente iba a mucha velocidad y no podía articular ni una palabra, inmóvil, parapetada contra la pared pensó que ese podía ser el final. Seguía rígida, pero logró soltar un grito pidiendo auxilio. 

Su madre y su hermana fueron corriendo a ver que sucedía, encontrando al padre intentando ahogar a la hija. Gritos, forcejeos y lloros mientras separaban al padre de la hija. Seguía sin comprender el por qué y cómo es que ella no se había rebelado.

 En ese momento algo se había roto, para siempre, dentro de ella y ya no tendría jamás, ningún sentimiento por él…”