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Soy barcelonesa, he pasado miles de veces por Las Ramblas, justo en todo el tramo donde unos descerebrados adoctrinados en una falsa interpretación de fe, arrebataron en segundos las vidas de quienes paseaban por allí, de familiares, amigos, conocidos, ciudadanos… Ese día a todos se nos rompió algo en nuestro interior.

Justo hacía un par de días que había estado callejeando por esas calles que me conocen, que se mimetizan con tu cuerpo, con tus pisadas, con tus risas y cientos de guiños convertidos en abrigo.

Por temas familiares no pude ir hasta el lunes, y sigo con la piel erizada, las manos temblorosas al recordar mis pasos hasta allí. Escribí estas palabras con mucho dolor y esperanza, ya que mi ciudad es y será grande, fuerte y llena de vida.

 

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Piernas temblorosas, el corazón acelerado y los ojos empañados al ir acercándome a Las Ramblas. Imágenes de todo lo sucedido pasaban a toda velocidad por mi mente. Llena de gente como siempre; a pesar del duelo que llevamos. El nudo en la garganta, dificultaba mi respiración al observar algunos de los altares con tantas muestras de cariño y apoyo a todos los que abogamos por la paz. Homenajes altruistas iluminados por la luz que desprendía toda la calle; luz de esperanza, amor y pluralidad viviendo todos juntos, en armonía y sin miedo…

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En algún momento necesitamos una mano que nos agarre con fuerza para saber que somos reales…

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Sé que soy visceral, pasional, vehemente y en ocasiones con un carácter de mil demonios. Intento mejorar, y por suerte la edad te va dando la sensatez para atemperarte por el interés de cambiar lo que no te gusta. Pocas veces me pueden haber tachado de mala amiga, habré cometido errores como todos y si en el momento no me dicen lo que les molesta no puedo adivinar mentes. He cuidado, mimado y estado por mis amigos, en ocasiones el tiempo, las vidas dispares o simplemente madurar de manera distinta, separa los caminos sin volver a cruzarnos. Puede que haya decepcionado, pero siempre he sido clara y no he ido criticando a quienes quiero y aprecio. Durante mucho tiempo me costaba decir no, poder molestar o enfadar a mis amistades por no estar a su disposición y era un 24 horas de “amiga disponible”, cosa que conmigo algunas no fueron así. Se aprovecharon, me utilizaron, no respondían cuando necesitaba un simple “hola, ¿qué tal estás?” y yo consentía al quererles. He callado montones de confidencias, críticas, descalificaciones para no herir a terceros, sabéis el dicho “vale más por lo que calla, que por lo que habla”, me describe muy bien. Y he preferido que el tiempo desenmascare a esos farsantes, no soy nadie para quitar pedestales a quienes tienen mitificados. Me fastidia que duden de mi palabra, que crean que pueda exagerar o mentir, por bien o por mal explico las cosas tal cual, tengo muy buena memoria, y si mi comportamiento ha sido horrible, aunque avergonzada lo admitiré.
Cuando aprendes a quererte y a valorarte, descubres que tales amistades no lo eran y al principio dolía más, pero lograbas respirar hondo y apartarlas de tu vida. Ahora, duele, pero valoras a quienes te quieren y aprecian de verdad, y sigues con una sonrisa sin mirar un pasado que es polvo en el presente.


 

Sutil es la línea que separa al “amigo hipócrita” del simple conocido que sigue en tu vida para cotillear y poder trocearte en minúsculos pedazos.

Al girarte, disecciona cada átomo con críticas, ninguneos, burlas y demás palabras de desdén recubiertas de una maldad teñida de envidia acomplejada y aplaudida entre sorna por otras supuestas amistades comunes.
¡Gracias, cobarde amigo! Por ser tú quien se dedica a prodigar sin ejemplo; el que se cree con derecho a recibir todo tipo de atenciones y aplausos, aunque seas un ridículo de palabras y hechos. Seleccionas víctimas, a veces por la falta de autoestima, rivales en tu atrofiada mente, destinadas a ser destruidas. En otras por mantener entretenida tu aburrida vida, externa e interna, y así poder ser protagonista de vidas ajenas.

Lo veo todo, sigo estando pero un poco más lejano, que siga con su absurdo comportamiento pensando que no me
he dado cuenta (me digo a mi mismo).
Pero la cercanía es cautelosa, sigues dando oportunidades por todo el cariño de tantos años, tantos recuerdos y amistades en común.

Da igual lo que te suceda, le resbala, te
ignora; eso sí, a personas desconocidas con las que no tiene contacto y supo de ellas por ti, a ellas si que dedica atenciones enjabonadas. Actos forzados y exagerados para que lo veas, hay que reírse ante ese folletín de cuarta fila.

Llega un día donde le sucede algo fuerte, le das tu apoyo, pero no puedes estar presente y es ahí cuando aprovecha para dar la estocada intentando ridiculizarte ante su comparsa circense, aprovechando esos otros hundir más el cuchillo y poder decir: ¡yo también soy igual de hipócrita que tú y necesito lucirme!

Aplausos a esos “amigos hipócritas” lo habéis conseguido, tenéis vuestra cloaca para vosotros solos, tranquilos por mi, prefiero bañarme en aguas transparentes.

Pd: ¡Qué te vaya bonito!, pá ti no estoy…


Vivía en un precioso pueblo de gente muy cerrada. A pesar de sus quince años allí, seguía siendo un forastero, un inadaptado. Un mañana al despertar, los habitantes, vieron sus calles vestidas con los lienzos del forastero que aquel lugar le había inspirado durante todos esos años. Fue la despedida del que había sido su hogar…

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