Posts etiquetados ‘amantes’


Ese nerviosismo al verse, acariciarse, besarse, que siempre sabe a primera vez…

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Dibujo hecho por mi con una aplicación para editar fotografías, usando mi dedo como pincel.

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Paredes desconchadas mostrando capas que han pintado diferentes vidas vividas en esa casa. Muelles rotos en el sofá de tela gastada. Pelos de gato, hilos salidos por afilar sus uñas. Una bombilla sin lámpara con sus telarañas. Ventanas sin cortinas mostrando la indiscreción de robóticos vecinos. Un palé y unos libros, comprados en una tienda al peso, formando la mesa de centro. Cojines y alfombras dando calidez a las frías baldosas. Un gran cuadro sin marco ni lienzo presidiendo una pared de palabras vivas. Un maniquí transformado en perchero, con tres brazos y una pierna. Dos amantes frente a la vieja chimenea de piedra, iluminados en su amor por el embrujo de las llamas…

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El sexo, la dicotomía hecha palabra, acto. Cielo e infierno; bueno y malo; naturalidad y trueque; ángeles y demonios…

Sigue sorprendiéndome ese halo de tabú que surge al hablar del sexo. Cuando es algo natural, fisiológico, hermoso, excitante, dulce; la expresión de comunicación más íntima que podemos conocer y conceder a otras personas sin necesidad de hablar. Siendo primarios, soltando nuestra parte animal, abriendo cada poro de nuestros sentidos.

Puede ser físico,  una necesidad de calmar ese fuego que arde en tu interior, acompañado de amor, morbo, un mero intercambio de favores, abuso, la compra de un producto o un afán de conquista en su estantería de trofeos.

Debería ser el consenso de dos personas libres que deciden complacerse mutuamente, honestas, sin mentiras, escogiendo y decidiendo las “pautas” de ese acto.

(No voy a incidir en patologías, abusos o la prostitución en sí. Entraríamos en caminos tortuosos, muy extensos y en los que se vulnera los derechos de una de las dos partes. Así que volvamos al hilo anterior.)

Tener relaciones sexuales saludables y satisfactorias, te hace sentir mejor, el optimismo resplandece, tu cuerpo experimenta cambios positivos, sientes más, una gran plenitud y calma reina en tu templo, ese que debes adorar, cuidar y querer como uno de los bienes más preciados que tienes: tu cuerpo.

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Cuando vives de relaciones esporádicas, de cama en cama que deshaces sólo un rato, el morbo y descargue físico son los que priman. Encuentros generalmente cortos, donde el goce suele ser más individualista y no siempre todo lo satisfactorios que desearías al no tener ese conocimiento o comunicación sobre lo que agrada a uno y a otro. Si la química no produce esa chispa que conecte el fusible de sentir una plena excitación, acabará siendo un polvo más, que calma unos segundos ese hambre sexual, resulta un mero apareamiento animal, cargado de vacío y de nada al despedirse.

Si a esos encuentros, le sumamos la seducción, el morbo, una atracción que moja tu cuerpo al imaginarse unidos, “rompiendo” las normas de lugares tradicionales, jugando con la provocación, pactando los límites de exploración y satisfacción, ahí cambia. El deseo aumenta, frenesí, celo en estado puro. Sea tu pareja, amante, amigo o simplemente alguien con quien compartir esa parcela de íntima compenetración, disfrutaréis, gozaréis y aunque sólo ocurra un encuentro, te hará resplandecer.

En las relaciones sexuales todos somos aprendices y maestros, exploramos, experimentamos y para ello hay que hablar, expresar lo que nos gusta y lo que no. Escuchar y observar a tu pareja de juegos, al igual que ella a nosotros. Debemos conocer nuestro cuerpo, tocarlo, disfrutar de él; dejar miedos, complejos y absurdas ideas que hayan podido inculcarnos culturalmente. Saberte, fomentará fluidez en las relaciones y te sentirás mucho más seguro y mejor contigo mismo.

No sé vosotros, pero a mi me resulta excitante, placentero y satisfactorio ver como mi partenaire se deshace entre mis caricias, mis juegos, mis caderas y su cuerpo pide más, o su voz verbaliza entre gemidos que no pare. Tener esas pequeñas muertes de éxtasis y sentirlas tuyas.

Al acompañar el sexo con sentimientos, al amar, ahí la complicidad se torna mágica, es totalmente diferente ya que nos volvemos extensión el uno del otro, sus límites son los tuyos y viceversa. Pero hay que fomentar esa pasión, esa unión de deseo y placer, crear momentos sin dejar que la monotonía se apodere de la relación, por eso la comunicación es tan importante en todo lo que nos envuelve. Constancia, creatividad, compartir, dialogar, crecer juntos, complicidad, conexión, gustos en común, actividades conjuntas, tiempo para uno, amistad… Puede resultar complicado, pero si encuentras con quien andar ese camino, todo se basa en las ganas y el empeño de ambos.

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Sea cual sea vuestra situación, disfrutad, no os acomplejéis por no tener unos cuerpos de revista, sed sinceros y que nadie os imponga lo que no os gusta. El sexo es placer, gusto, que nada ni nadie os lo enturbie.

Ah, me olvidaba, siempre con cabeza y usando protección.

 


¿El amor nos mira o sólo somos un reflejo de su mirada?

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Amor, palabra usada desde miles de años intentando explicar, entender, lo que es . Exponen ejemplos, teorizan, realizan estudios y siguen sin comprender que el amor no se explica: Se vive, se siente, duele, acaricia, muerde, abraza, vuelve del revés tu interior, cambia la piel, la mirada, se dulcifica tu existencia y lo que te rodea.

No todos tienen las mismas sensaciones, sentimientos, ni la pasión, ternura, frescura, locura, pasividad, apatía al vivirlo;  hablar, callar, compartir, jugar, disfrutar, gozar en cada momento juntos, separados, unidos. Discrepando, queriendo, concordando, aprendiendo, cuidando, animando, calmando, creciendo al andar en el mismo sentido del camino.

En el amor te reconoces, le reconoces, iguales, desnudos, cómplices de una unión que a nadie más pertenece y es ahí, cuando te sientes más libre.

Miras, lo ves y sabes que quedaste atrapado en su red invisible a los ojos del resto. 


Sujeta mi mano, no la sueltes,
deja que me guíe por tus huellas,
por el rastro del aroma que dejas al pasar.
Aprende de los silencios que
te hablan, que te susurran mis secretos.
Sujeta mi mano, no la sueltes,
permite que recorra con los ojos
cerrados todo el perímetro de tu cuerpo.
Dibuja conmigo el contorno
de la figura que se forma al estar juntos.
Sujeta mi mano, no la sueltes,
deja que consiga descifrar la clave
para adentrarme y llegar a tus sentimientos.
Escucha a mis ojos cuando te miran,
aunque no se expresen con las palabras.
Sujeta mi mano, no la sueltes,
permite que me aferre a la tuya,
fuerte, muy fuerte evitando que se suelten.
Sigue conmigo, a mi lado buscando
el trazado del laberinto que nos lleva al amor.