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Sutil es la línea que separa al “amigo hipócrita” del simple conocido que sigue en tu vida para cotillear y poder trocearte en minúsculos pedazos.

Al girarte, disecciona cada átomo con críticas, ninguneos, burlas y demás palabras de desdén recubiertas de una maldad teñida de envidia acomplejada y aplaudida entre sorna por otras supuestas amistades comunes.
¡Gracias, cobarde amigo! Por ser tú quien se dedica a prodigar sin ejemplo; el que se cree con derecho a recibir todo tipo de atenciones y aplausos, aunque seas un ridículo de palabras y hechos. Seleccionas víctimas, a veces por la falta de autoestima, rivales en tu atrofiada mente, destinadas a ser destruidas. En otras por mantener entretenida tu aburrida vida, externa e interna, y así poder ser protagonista de vidas ajenas.

Lo veo todo, sigo estando pero un poco más lejano, que siga con su absurdo comportamiento pensando que no me
he dado cuenta (me digo a mi mismo).
Pero la cercanía es cautelosa, sigues dando oportunidades por todo el cariño de tantos años, tantos recuerdos y amistades en común.

Da igual lo que te suceda, le resbala, te
ignora; eso sí, a personas desconocidas con las que no tiene contacto y supo de ellas por ti, a ellas si que dedica atenciones enjabonadas. Actos forzados y exagerados para que lo veas, hay que reírse ante ese folletín de cuarta fila.

Llega un día donde le sucede algo fuerte, le das tu apoyo, pero no puedes estar presente y es ahí cuando aprovecha para dar la estocada intentando ridiculizarte ante su comparsa circense, aprovechando esos otros hundir más el cuchillo y poder decir: ¡yo también soy igual de hipócrita que tú y necesito lucirme!

Aplausos a esos “amigos hipócritas” lo habéis conseguido, tenéis vuestra cloaca para vosotros solos, tranquilos por mi, prefiero bañarme en aguas transparentes.

Pd: ¡Qué te vaya bonito!, pá ti no estoy…

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Durante unos dos años experimenté un descenso y ascenso en la ruleta rusa de sensaciones, ilusiones, sentimientos reales, amores vividos y arrancados a tiras de mi alma. Época de tinieblas en las que creía ver con nitidez y sólo estaba subyugada al deseo de ser amada, sin leer la letra que acompañaba a las señales de esos desastres.

En aquellos momentos no servía de nada saber que no tenía sentido, que eran fracasos estrepitosos desde el principio, negaba por querer sentir, por llevar la contra a la evidencia, necesitaba sentirme deseada, única, forzando mi propia maquinaria de autoestima.

Todo ocurrió por no dejar pasar tiempo al acabar mi anterior relación, cuando amas y has de desenamorarte precisas un tiempo de soledad, de serenidad para reencontrarte, sin que nadie entorpezca ese camino. Nunca he visto sano el olvidar intentando sentir con los primeros que se cruzan y así levantar una falsa autoestima de caricias vacías. Engañando a tu mente porque el corazón aunque pasional es sabio en sentimientos, engañando a otros, por fingir lo que realmente no nace de dentro de la piel. Acabas pagando esa frustración con la persona a la que no le interesabas y tampoco te interesaba a ti.

Sin seguir mi protocolo, rompí el radar que siempre me avisaba al caminar por campos de minas y en un par de meses empecé a conocer a un tipo a través de una red social. Buscando en lo carnal, sentirme deseada, gustar, levantar mi ego femenino. El problema: al estar en un impasse, confundes sentimientos alimentados por las ganas de pasar página. Llamadas, fotos, videollamadas. Hay feeling, es normal, no eres de piedra, cosas en común y muchos comportamientos que no cuadran contigo. Da igual, crees qué sí, que todo es perfecto. Notas que él juega en varias ligas, mas te haces la tonta. Las inseguridades crecen y el no querer fracasar te lanza más fuerte contra el muro.

En situaciones normales hubiera cortado de raíz al menor asomo de oscura duda, nunca me he andado con rodeos ni he perdido el tiempo. Pero estaba en un momento de debilidad, donde la razón había sido apartada y no la dejaba salir.

Fueron dos tórridos meses, con agradables instantes y muchos feos en su actitud. Llegó el día de quedar y canceló el viaje. El enfado y pataleo fue descomunal, acabamos discutiendo entre palabras horribles y me rompí. Más por la frustración de no haber logrado la meta, de haber sido yo quien finalizara la historia. De haberle dejado en el momento que no lo esperaba.

Autosabotearse es algo que has de saber hacer muy bien y parece ser que para eso tengo un don especial.

Las semanas pasaron en esa extrañeza de días planos, pensando y recreando lo ocurrido, buscando respuestas en lugares que alimentaban ese vacío de falso sentir. Queriendo retomar aquella intangible historia para olvidar una soledad que no me gustaba…


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Despertó con salitre en los labios y arena en su cabello, algo incomprensible al vivir a cientos de kilómetros del mar. No daba crédito, ¿qué había sucedido esa noche? Recordaba haberse acostado hacia la media noche, quedándose dormida tras cerrar los ojos. Nadie tenía las llaves de su casa, hacía muy poco que se había mudado a esa ciudad del interior.

Aturdida se duchó mientras el café se hacía a fuego lento. Cogió el bolso, al salir a la calle sus ojos miraban incrédulos, todo se había vuelto de azul mar y gris piedra. No se escuchaba nada, extraño a esas horas, mientras quitaba la cadena a su bici. Empezó a pedalear, la ciudad era fría, salvo el aroma de vainilla y mar tan familiar, tan suyo. Seguía recorriendo vías en aquella plácida soledad, de repente se le cruzó un perro azul. No podía esquivarlo y al intentar frenar perdió el equilibrio dándose contra el suelo.
Pasaron unos minutos, nada, seguía inconsciente, tras un buen rato farfulló unas palabras mientras entreabría los ojos, ¿qué? Volvía a estar en su habitación, el despertador sonaba, ya no había arena en su cama y al mirar por la ventana el azul sólo cubría el cielo.

Ahora sí!!!

Publicado: 1 agosto, 2011 en (S.R.J.)
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La puerta se cerró a sus espaldas, se quedó parada un momento mirando hacia arriba, mientras  una sonrisa se dibujaba en su cara. Bajó las escaleras con paso firme y justo al doblar el rellano se encontró con él. Mirándola con los ojos vidriosos, temblándole la voz, le preguntó -¿Por qué?- Ella sin titubear le respondió -Ahora sé lo que quiero- . Continuó andando y sin mirar atrás comenzó a disfrutar de su felicidad.

Puede ser difícil dar el primer paso, pero cruzarla puede dar un giro a tu vida.


Es curioso el ser humano, divertido, complejo en las relaciones interpersonales. Tanto da que sean familiares, amigos, conocidos, parejas, amantes, colegas ya que la gran mayoría adopta un rol diferente según la gente que lo rodee… Una cosa es comportarte correcta y cordialmente con conocidos, colegas, en el trabajo, en la tienda de la esquina, etc, mostrando una instantánea de como eres y otra con las personas que realmente te importan y forman parte de tu vida.

Todas las relaciones ( me refiero a las familiares, amistosas y amorosas ) se basan en el respeto, la confianza, la admiración, la honestidad, la afinidad y el amor que siento por ellos. La familia nos viene impuesta aunque no significa que todos ellos formen parte de tu vida, amigos y pareja tenemos la suerte de poder escogerles, de decidir quien entra o no en nuestro círculo…

Por el lazo sanguíneo tendemos a ser más permisivos con padres y hermanos, o por lo menos a darles más oportunidades y ceder más cuando hacen o dicen cosas que te hieren, a fin de cuentas se supone que “ellos no te van a fallar…”

Amistades y pareja entran casi en el mismo saco, personas con las que compartes momentos íntimos, divertidos, confidencias, lloros, etc, de tu vida y en lo que difieren es que con la pareja tienes un contacto más profundo en el plano amoroso-sexual.

Este círculo que nos envuelve puede verse vulnerado, ir perdiendo pilares cuando te defraudan, te hacen daño, no te respetan, el ir pasando el tiempo y ver que ahora no tienes nada que ver con ellos, se rompe esa confianza que tanto cuesta entretejer y volver a recomponerla en ocasiones resulta imposible ya que no puedes volver a ver igual a esa persona, se ha levantado un muro que separará los caminos en la gran mayoría de casos.

Hay veces que estas historias duran para toda la vida, otras que se van quedando en el camino, otras que aparecen más tarde y no por eso son menos importantes. De todas ellas aprendemos algo, puede que no nos demos cuenta en ese momento pero a la larga lo vemos.

A fin de cuentas, lo que el ser humano busca es amar y ser amado, estar rodeado de gente a la que quiere y que le quiere, siendo feliz con los retazos hermosos, alegres que forman su día a día en el viaje para unos más largo, para otros más corto, que es la vida…”