Adrenalina, sentir que el corazón te va a mil, volar, la velocidad de la vida en tu cuerpo…

Esas sensaciones son vibrantes, excitantes, te hacen alucinar y disfrutar mezcla de la necesidad de vivir al límite, en determinados momentos puede estar bien, incluso genial. Mas yo tengo numerosos momentos en los que pequeños hechos se convierten en divertidos, excitantes y deportes de riesgo (en algunos casos).

Retrocedamos unos días, exactamente al día 1 de enero de este año, sí empezó bien el 2017. Me había pasado la mañana cocinando, venía toda la familia a comer, quería que todo estuviera perfecto y claro los nervios se apoderaron de mi. La cocina era territorio prohibido hasta que terminara, justo media hora antes de que empezaran a llegar. Respiré hondo y fui a darme una ducha, la ventana tiene doble abertura y por norma la tenemos batiente. Me encanta que el baño se convierta en una especie de sauna y fui a cerrar la ventana tocando ligeramente el cristal con un dedo. Cuando al cerrarse casi sin impactar se rompe en numerosos trozos el cristal, saltando por todas partes y cortándome la yema de ese dedo. ¡Bien! Saliendo sangre a borbotones (es una zona escandalosa como pasa en la cara), desnuda, la ventana tuneada con un agujero abstracto y yo intentando ducharme entre un ataque de nervios con la mano envuelta en papel higiénico. Me ayudan a limpiar los cristales, me curan el corte, era más pequeño de lo que aparentaba y todo ello en un tiempo récord. Suena el timbre, llega la familia todo está en orden  y justo cuando estamos preparando los vasos, mi madre se piensa que lo voy a coger y ¡pam! El suelo lleno de numerosos microcristales espacidos por cada rincón de la cocina. Esta vez ni lo toqué, será que tengo ojos en la nuca y repelencia hacia vídrios y cristales. Al grito de: ¡Tranquilos, no pasa nada, pero que los niños no entren en la cocina! Risas nerviosas, absurdas, el ágape perfecto y vino para ayudar a reír un poco más. Finalmente la felicidad nos embarga a todos, acabando la tarde con bingos y karaokes en el comedor.

Durante un par de días la ventana tuvo este aspecto personalizado y un poco deportivo.

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Acerquémonos más en el tiempo, justo hace dos sábados, una relajada mañana. Desayunaba tranquilamente con el silencio de la mañana y el sol acariciando mi cara, placeres que envuelven tu cara con un halo de felicidad, mientras piensas en lo privilegiada que eres al disfrutar de ese mágico y plácido momento. Como un jarro de agua fría de realidad, que saca de cualquier abstracción, escucho decir a mi hermana entre nerviosa e histérica: -¡La caldera! Grddfrfghasxvutgbchbdwedcvdd (no voy a reproducir todos los improperios que soltó, para evitar dañar vuestros delicados ojos) ¡Se ha estropeado!- La miro con cara de “yuhuuuu, me va tocar arreglarla y no tengo ni idea”.

Tras tranquilizarla y decirle que me contara lo que sucedía fui a buscar el manual de ese aparatejo. -Hace una luz roja parpadeante y sale “E100”, se ha estropeado y ahora ¿qué?- Busco en el manual y ponía que estaba baja de presión. Teníamos que buscar una llave revestida de plástico rojo, girarla, en caso de que no funcionara quitar el alambre que la sujetaba. Vale, pensé, aquí dibujé algo rectangular vamos a mirar.

Tras situarme en el pequeño espacio y con mis dotes de contorsionista, encontré el rectángulo (olvidé apagar la caldera) y siguiendo las instrucciones quité la arandela y giré la llave. ¡Bien! Subía y al momento volvía a bajar. ¡Puñeta! Así hasta que mi querida hermana suelta:- ¡gira más!- Sin rechistar giro más la llave y la aguja de la válvula se pasa llegando al 4 (debe estar entre el 1 y el 2). Cojo el manual y dice que hay que abrir un grifo para que se llene el depósito de agua. Ambas, unas lumbreras abrimos el grifo de la cocina, aquello no bajaba, los nervios creciendo y la paciencia se había ido a tomar viento fresco. Tras releer el manual (sí, teníamos un día muy torpe y yo iba dopada por una contractura en el hombro, así que nuestra agilidad mental estaba reducida a menos cien), vi que se refería a un grifo que tiene la caldera, claro, ¡qué guasones como es tan visible a simple vista! Abro el grifo y un gran chorro en plan aspersor tsunami empieza a mojarlo todo, y yo recibiendo una ducha de agua sucia. La aguja empieza a bajar, ¡bien! al cerrarlo volvía al maldito 4. Grrrrrrr, vuelvo a girar el grifo y ya esta vez me pongo chorreando de pies a cabeza, inundándolo todo. Paro el grifo y otra vez igual, la maldita aguja vuelve a subir. Me quito la ropa, apañando con un foulard una especie de sujetador y en braguitas, como cualquier día veraniego para tomar el sol, pero con 5° de temperatura y bien refrescada con el sifón de antes. Tras quitar el agua del suelo, tenía claro que esa caldera no podría conmigo.

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Ese es el grifo y su rosca escondida…

 

Sólo faltaba haberme puesto en la cara pintura de guerra, era un duelo personal y tenía que ganar. Cogí un cubo, porque ya no iba a empaparme como antes y volví a abrir el grifo (jejeje, esta vez el control estaba en mis manos), la aguja bajo y volvió a subir. Mi enfado había pasado a cabreo sublime, ¿qué sucede? ¿por qué? En ese momento me di cuenta que no había apagado la caldera. Sí lo sé, es lo primero que debería haber hecho, pero mira no soy una entendida en calderas. ¡Y se hizo la magia! Al volver a abrir el grifo la aguja se situó entre el 1 y el 2 y se quedó quieta. ¡Aleluya! Cerramos grifo, coloqué todo en su sitio y encendimos la caldera, el mensaje de error E-100 había desaparecido y todo volvía a la mormalidad.

Me fui directa a darme una ducha caliente y embutirme entre mantas, en el sofá, necesitaba un merecido descanso.

Son dos pequeñas anécdotas de las muchas que me pasan a diario, ¿buscar adrenalina en deportes o actividades de riesgo? ¡No, gracias! Con mi día a día voy sobrada jejejeje

 

No olvidéis sacar la lengua a la vida y dedicarle unas risas…

 

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Sé que soy visceral, pasional, vehemente y en ocasiones con un carácter de mil demonios. Intento mejorar, y por suerte la edad te va dando la sensatez para atemperarte por el interés de cambiar lo que no te gusta. Pocas veces me pueden haber tachado de mala amiga, habré cometido errores como todos y si en el momento no me dicen lo que les molesta no puedo adivinar mentes. He cuidado, mimado y estado por mis amigos, en ocasiones el tiempo, las vidas dispares o simplemente madurar de manera distinta, separa los caminos sin volver a cruzarnos. Puede que haya decepcionado, pero siempre he sido clara y no he ido criticando a quienes quiero y aprecio. Durante mucho tiempo me costaba decir no, poder molestar o enfadar a mis amistades por no estar a su disposición y era un 24 horas de “amiga disponible”, cosa que conmigo algunas no fueron así. Se aprovecharon, me utilizaron, no respondían cuando necesitaba un simple “hola, ¿qué tal estás?” y yo consentía al quererles. He callado montones de confidencias, críticas, descalificaciones para no herir a terceros, sabéis el dicho “vale más por lo que calla, que por lo que habla”, me describe muy bien. Y he preferido que el tiempo desenmascare a esos farsantes, no soy nadie para quitar pedestales a quienes tienen mitificados. Me fastidia que duden de mi palabra, que crean que pueda exagerar o mentir, por bien o por mal explico las cosas tal cual, tengo muy buena memoria, y si mi comportamiento ha sido horrible, aunque avergonzada lo admitiré.
Cuando aprendes a quererte y a valorarte, descubres que tales amistades no lo eran y al principio dolía más, pero lograbas respirar hondo y apartarlas de tu vida. Ahora, duele, pero valoras a quienes te quieren y aprecian de verdad, y sigues con una sonrisa sin mirar un pasado que es polvo en el presente.


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Hecho con grafito 8B (garabateando)

 

Belleza, delicadeza, dulzura, rareza, alegría, risa, rabia, ira, tristeza, frenesí, sensualidad, sexo, vibración, deseo, pasión, soledad, traición, amistad, ascendencia, descendencia, esterilidad, riqueza, pobreza, encanto, gloria, desesperación, valores, coraje, inquietudes, cobardía…

El ciclo de la vida con su hermosa y sutil tristeza.


 

Sutil es la línea que separa al “amigo hipócrita” del simple conocido que sigue en tu vida para cotillear y poder trocearte en minúsculos pedazos.

Al girarte, disecciona cada átomo con críticas, ninguneos, burlas y demás palabras de desdén recubiertas de una maldad teñida de envidia acomplejada y aplaudida entre sorna por otras supuestas amistades comunes.
¡Gracias, cobarde amigo! Por ser tú quien se dedica a prodigar sin ejemplo; el que se cree con derecho a recibir todo tipo de atenciones y aplausos, aunque seas un ridículo de palabras y hechos. Seleccionas víctimas, a veces por la falta de autoestima, rivales en tu atrofiada mente, destinadas a ser destruidas. En otras por mantener entretenida tu aburrida vida, externa e interna, y así poder ser protagonista de vidas ajenas.

Lo veo todo, sigo estando pero un poco más lejano, que siga con su absurdo comportamiento pensando que no me
he dado cuenta (me digo a mi mismo).
Pero la cercanía es cautelosa, sigues dando oportunidades por todo el cariño de tantos años, tantos recuerdos y amistades en común.

Da igual lo que te suceda, le resbala, te
ignora; eso sí, a personas desconocidas con las que no tiene contacto y supo de ellas por ti, a ellas si que dedica atenciones enjabonadas. Actos forzados y exagerados para que lo veas, hay que reírse ante ese folletín de cuarta fila.

Llega un día donde le sucede algo fuerte, le das tu apoyo, pero no puedes estar presente y es ahí cuando aprovecha para dar la estocada intentando ridiculizarte ante su comparsa circense, aprovechando esos otros hundir más el cuchillo y poder decir: ¡yo también soy igual de hipócrita que tú y necesito lucirme!

Aplausos a esos “amigos hipócritas” lo habéis conseguido, tenéis vuestra cloaca para vosotros solos, tranquilos por mi, prefiero bañarme en aguas transparentes.

Pd: ¡Qué te vaya bonito!, pá ti no estoy…


Había una pequeña callejuela como tantas otras, quizá no la más bonita, puede que poco conocida. Muchos pasaban de largo, otros la miraban con recelo o envidia, había quienes decidían curiosear, estar un rato o disfrutar de unas cortas vacaciones. Sólo unos pocos quedaban prendados, la hacían crecer añadiendo nuevos y durareros ladrillos , embelleciendo la callejuela, enriqueciendo tu vida.

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