¿Para qué buscar deportes de riesgo? Yo, vivo mi vida…

Publicado: 6 febrero, 2017 en (S.R.J.)
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Adrenalina, sentir que el corazón te va a mil, volar, la velocidad de la vida en tu cuerpo…

Esas sensaciones son vibrantes, excitantes, te hacen alucinar y disfrutar mezcla de la necesidad de vivir al límite, en determinados momentos puede estar bien, incluso genial. Mas yo tengo numerosos momentos en los que pequeños hechos se convierten en divertidos, excitantes y deportes de riesgo (en algunos casos).

Retrocedamos unos días, exactamente al día 1 de enero de este año, sí empezó bien el 2017. Me había pasado la mañana cocinando, venía toda la familia a comer, quería que todo estuviera perfecto y claro los nervios se apoderaron de mi. La cocina era territorio prohibido hasta que terminara, justo media hora antes de que empezaran a llegar. Respiré hondo y fui a darme una ducha, la ventana tiene doble abertura y por norma la tenemos batiente. Me encanta que el baño se convierta en una especie de sauna y fui a cerrar la ventana tocando ligeramente el cristal con un dedo. Cuando al cerrarse casi sin impactar se rompe en numerosos trozos el cristal, saltando por todas partes y cortándome la yema de ese dedo. ¡Bien! Saliendo sangre a borbotones (es una zona escandalosa como pasa en la cara), desnuda, la ventana tuneada con un agujero abstracto y yo intentando ducharme entre un ataque de nervios con la mano envuelta en papel higiénico. Me ayudan a limpiar los cristales, me curan el corte, era más pequeño de lo que aparentaba y todo ello en un tiempo récord. Suena el timbre, llega la familia todo está en orden  y justo cuando estamos preparando los vasos, mi madre se piensa que lo voy a coger y ¡pam! El suelo lleno de numerosos microcristales espacidos por cada rincón de la cocina. Esta vez ni lo toqué, será que tengo ojos en la nuca y repelencia hacia vídrios y cristales. Al grito de: ¡Tranquilos, no pasa nada, pero que los niños no entren en la cocina! Risas nerviosas, absurdas, el ágape perfecto y vino para ayudar a reír un poco más. Finalmente la felicidad nos embarga a todos, acabando la tarde con bingos y karaokes en el comedor.

Durante un par de días la ventana tuvo este aspecto personalizado y un poco deportivo.

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Acerquémonos más en el tiempo, justo hace dos sábados, una relajada mañana. Desayunaba tranquilamente con el silencio de la mañana y el sol acariciando mi cara, placeres que envuelven tu cara con un halo de felicidad, mientras piensas en lo privilegiada que eres al disfrutar de ese mágico y plácido momento. Como un jarro de agua fría de realidad, que saca de cualquier abstracción, escucho decir a mi hermana entre nerviosa e histérica: -¡La caldera! Grddfrfghasxvutgbchbdwedcvdd (no voy a reproducir todos los improperios que soltó, para evitar dañar vuestros delicados ojos) ¡Se ha estropeado!- La miro con cara de “yuhuuuu, me va tocar arreglarla y no tengo ni idea”.

Tras tranquilizarla y decirle que me contara lo que sucedía fui a buscar el manual de ese aparatejo. -Hace una luz roja parpadeante y sale “E100”, se ha estropeado y ahora ¿qué?- Busco en el manual y ponía que estaba baja de presión. Teníamos que buscar una llave revestida de plástico rojo, girarla, en caso de que no funcionara quitar el alambre que la sujetaba. Vale, pensé, aquí dibujé algo rectangular vamos a mirar.

Tras situarme en el pequeño espacio y con mis dotes de contorsionista, encontré el rectángulo (olvidé apagar la caldera) y siguiendo las instrucciones quité la arandela y giré la llave. ¡Bien! Subía y al momento volvía a bajar. ¡Puñeta! Así hasta que mi querida hermana suelta:- ¡gira más!- Sin rechistar giro más la llave y la aguja de la válvula se pasa llegando al 4 (debe estar entre el 1 y el 2). Cojo el manual y dice que hay que abrir un grifo para que se llene el depósito de agua. Ambas, unas lumbreras abrimos el grifo de la cocina, aquello no bajaba, los nervios creciendo y la paciencia se había ido a tomar viento fresco. Tras releer el manual (sí, teníamos un día muy torpe y yo iba dopada por una contractura en el hombro, así que nuestra agilidad mental estaba reducida a menos cien), vi que se refería a un grifo que tiene la caldera, claro, ¡qué guasones como es tan visible a simple vista! Abro el grifo y un gran chorro en plan aspersor tsunami empieza a mojarlo todo, y yo recibiendo una ducha de agua sucia. La aguja empieza a bajar, ¡bien! al cerrarlo volvía al maldito 4. Grrrrrrr, vuelvo a girar el grifo y ya esta vez me pongo chorreando de pies a cabeza, inundándolo todo. Paro el grifo y otra vez igual, la maldita aguja vuelve a subir. Me quito la ropa, apañando con un foulard una especie de sujetador y en braguitas, como cualquier día veraniego para tomar el sol, pero con 5° de temperatura y bien refrescada con el sifón de antes. Tras quitar el agua del suelo, tenía claro que esa caldera no podría conmigo.

Jpeg

Ese es el grifo y su rosca escondida…

 

Sólo faltaba haberme puesto en la cara pintura de guerra, era un duelo personal y tenía que ganar. Cogí un cubo, porque ya no iba a empaparme como antes y volví a abrir el grifo (jejeje, esta vez el control estaba en mis manos), la aguja bajo y volvió a subir. Mi enfado había pasado a cabreo sublime, ¿qué sucede? ¿por qué? En ese momento me di cuenta que no había apagado la caldera. Sí lo sé, es lo primero que debería haber hecho, pero mira no soy una entendida en calderas. ¡Y se hizo la magia! Al volver a abrir el grifo la aguja se situó entre el 1 y el 2 y se quedó quieta. ¡Aleluya! Cerramos grifo, coloqué todo en su sitio y encendimos la caldera, el mensaje de error E-100 había desaparecido y todo volvía a la mormalidad.

Me fui directa a darme una ducha caliente y embutirme entre mantas, en el sofá, necesitaba un merecido descanso.

Son dos pequeñas anécdotas de las muchas que me pasan a diario, ¿buscar adrenalina en deportes o actividades de riesgo? ¡No, gracias! Con mi día a día voy sobrada jejejeje

 

No olvidéis sacar la lengua a la vida y dedicarle unas risas…

 

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comentarios
  1. Estrella RF dice:

    Sí, la vida es una montaña rusa que no tiene fin. Yo también soy muy cabezota y me meto, a veces, en buenos fregados, pero a la vida hay que cogerla por los cuernos y hacerla frente, lo mismo para los pequeños percances como para los grandes. Lo de la caldera me suena mucho… ya me he tenido que enfrentar a ella alguna vez…
    Un abrazo.

    • rizoswoman dice:

      Gracias, Estrella!!! Creo que hay reír más y disfrutar de nuestra vida, ya sea riéndonos de nosotros mismos (como en este caso jejeje) y es que tenemos montones de anécdotas que nos sirven de salero y pimentero para dar vidilla. A veces otras no son tan agradables, mas debemos ver la parte positiva.
      Jejeje pero gracias a la cabezonería conseguimos ese pequeño éxito 😜. Un abrazote y no nos falten historias que contar 💋

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