Jpeg

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Hermanos de sangre, de vida, de experiencias, alimentados por la misma tierra, creciendo juntos. La vida era sencilla, tranquila, conviviendo en verdadera armonía. Aquella ridícula disputa por medio metro de parcela convirtió en cenizas cualquier vínculo que les había unido hasta ese instante.
Dos hermanos creando bandos opuestos, el pueblo desunido y el odio riéndose al ver su obra. Empezaron a surgir en ellos, los celos, las envidias, los rencores de la caja de Pandora que atrapaba a todos sus ancestros y la guerra se pronunció sin ninguna misericordia.
La destrucción cubría cada centímetro, casas en llamas, tiendas destrozadas, asaltos, violaciones, asesinatos, olor a sangre, a óxido, a basura, a cuerpos putrefactos, no existía orden ni ley; caos, violencia y oscuridad avanzaban en un juego sin ganadores. Un gran vacío ensordecía el lugar, ningún rastro de humanidad quedaba en sus cuerpos.

Ahora ya nada podría salvarles de sí mismos…

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comentarios
  1. Daniel Gregg dice:

    Cuando el odio anida en nuestro ser, el resto de sentimientos que podríamos albergar quedan relegados. Y la razón, olvidada. Excepto cuando el odio es la misma razón de la guerra.
    Buen texto, Rizos 🙂

    • rizoswoman dice:

      Quería describir, simplifificadamente, lo absurdas que son las guerras, siempre empezando por nonadas. Ahí es cuando la bestia que tenemos se quita las cadenas anulando a la razón. 😉

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