La buena samaritana…

Publicado: 10 mayo, 2016 en (S.R.J.)
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Había amanecido con el día girado, el despertador no sonó, el coche estaba en el taller y llovía. La prisa entorpecía cada paso, dando innumerables paseos al olvidar las cosas que debía coger; todo se conjuraba en su contra aumentando el nivel de nerviosismo y la frustración de la situación. Bebió un poco de zumo y mientras bajaba las escaleras aprovechó para comer una tostada. ¡Crash! Se escuchó al caer tras saltar los dos últimos escalones. ¡Nooo!, salió de su dolorido cuerpo tras chocar contra el suelo. Unas lágrimas de rabia y dolor desdibujaban el maquillaje de sus ojos. Intentó incorporarse, era inútil, no podía por el daño que tenía en su tobillo. En ese instante se dio cuenta que se había roto el pie, buscó el móvil en el bolso, no sabía donde estaba. Al alzar la mirada lo vio, destrozado a su lado, no funcionaba. Empezó a gritar pidendo ayuda, mas el silencio era su única respuesta.
Pasaba el tiempo y no había nadie, intentó arrastrarse hasta la puerta, desde allí no podían verla en la calle. Poco a poco, con las fuerzas flaqueando, temblorosa y la respiración entrecortada llegó hasta el portal. Empezó a golpear el cristal, gritando, los transeúntes la miraban extrañados pero nadie se acercaba. Suplicaba ayuda mientras seguía aprisionada en el interior del edificio. Una anciana apoyada en su bastón, se paró extrañada al verla, ella sacando fuerzas para que su voz fuese entendible, le rogó que buscara o llamara a alguien que pudiera sacarla de ahí. Con una sonrisa y palabras tranquilizadoras, la mujer llamó a una ambulancia.
Antes de subirla a la camilla pidió que se acercara la anciana, le cogió la mano y tras besársela le dijo: muchas gracias señora, me gustaría agradecerle lo que ha hecho por mi. La anciana sonriente se fue sin pronunciar palabra alguna.
Cuando pudo regresar a casa, preguntó por aquella mujer en todo el barrio, nadie sabía de ella. Estaba apenada por no poder agradecerle su desinteresada ayuda. Pasaron las semanas, caminaba lentamente con muletas por la calle y en una esquina vio a una castañera. Hacía frío, empezaba a tener hambre, se acercó y al mirarla vio que era aquella anciana que la salvó.

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