Un día despiertas y tu vida se ha quedado en pausa, de nada sirve pensar en las cosas que hubieras hecho de diferente manera en el pasado, es una somera tontería, ese pasado se esfumó al estar en el presente y es en el ahora donde sobrevives a tus decisiones y a los regalos envenenados que a la bromista vida le gusta ofrecer. Una pausa larga con jarro de agua incluido para que veas que no estás en ningún sueño del que despertar. Mil pensamientos pasan por tu mente y te quedas en shock, pasas un duelo de silencio, llorando por la desaparición de quien pronto no estará, sabiendo que la oscuridad y el vacío se apoderarán de él. Estás, estás y estás, pero ya no eres. Demasiado tiempo para quien tiene que vivirlo y puede que poco para quienes sólo lo atisban a distancia, desconociendo lo que es al no estar en primera línea.

“No puedo más” es una expresión y un hecho que en mi vida no tiene cabida. Aunque lo sienta y lo diga en mi mente, sigo… Sigo, continúo, aunque mis fuerzas estén agotadas y no tenga baterías de repuesto o una puerta por donde salir. Sigo, continúo, con un dolor físico en cada milímetro de mi cuerpo que día a día se abraza más a mi piel, a veces estirada en la cama o en el sofá al contracturarse toda mi espalda, al ser tan intensas esas microagujas invisibles que atraviesan todos mis poros y me convierten en una marioneta que nadie puede mover.

Pierdo la noción del tiempo, me da igual si es lunes o sábado ya que son días sin más y me veo en el interior de una bola de cristal, flotando sin poder romperla, atrapada en un micromundo y cada vez más aislada de todo, incluso de mi misma.

Sola, o casi sola, teniendo una vida que no aporta satisfacción a quienes te rodean o formaban parte de tu mundo, porque surgen barreras y la conversación no quieres que gire sobre lo que vives o como te sientes. A veces hablas y ves sus caras de compasión, de aburrimiento, les das pena y me horrorizo. Prefiero callar u omitir información y preguntar, frivolizar para que no se vean obligados a escuchar o a preguntar.

Y me siento sola, porque no quiero que se alejen, no quiero que me olviden, no quiero perderme en una nada que borra el tiempo.

Y me siento sola porque necesitaría más abrazos sin preguntar y más respuestas de cariño sin más, un apoyo moral y físico. Con un “te echo de menos”, “tengo ganas de verte”, unas sonrisas y besos sin venir a cuento, cafés, paseos o un pequeño momento para charlar que rompa por unos minutos la burbuja que me atrapa. Sé que ya no soy la misma y ellos tampoco, se desdibujan, me desdibujo y mis manos se han vuelto torpes para volver a crearnos… Ya no siento que importe mi presencia entre quienes creía que les importaba.

Estoy y no estoy, bien o mal, arrastrando una gran mochila en diminutos pasos.

Ya no me río con facilidad, ni me concentro en nada, tampoco me interesa la mayoría de cosas y un caparazón me envuelve. No me gusta a quien veo en el espejo, soy una desconocida para mi misma tras noches de incontables semanas en las que no duermo, o son muy pocas las horas que realmente descanso. Tensión, estado de duermevela, conductas irracionales, gritos, agresividad transformada en puñetazos, patadas, brazos o manos retorcidas, empujones, amenazas, caos de palabras, de actos y ternura, lágrimas, abrazos cargados de amor, dulzura y paciencia.

Vives la guerra con él, aunque sea suya te ha arrastrado desde el momento que apareció y se convierte en nuestra. Él por no entender que sucede, por volverse extraño todo lo que conocía, incluso su propia imagen es una burla desconocida. Y en esa guerra son todo batallas perdidas, hasta que se desvanezca y el silencio por fin gritará…

 

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Cada atardecer metían en tarros de cristal  luciérnagas y así iluminar las horas de aventuras, allí, en ese bosque ajardinado, su mundo mágico, donde la imaginación era la única regla. En los columpios volaban hasta nubes de algodón de azúcar y estrellas de chocolate blanco. Trepaban a la morera para admirar los tesoros encontrados y buscar en el horizonte nuevos lugares que explorar.
Crecieron, pero se resistían a perder la maravillosa esencia infantil y volvieron a colocar los columpios para poder regresar a su rincón de secreta felicidad…

(Palafolls)

 

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Insomnio, parte 1

Tenemos a la noche atenta, observando que movimientos  hacemos los desvelados. Se ríe, juega con falsos bostezos, nos abraza en un duermevela para despertarnos con susurros. Y nosotros ajenos a su comedia, buscamos por todos los rincones el sueño perdido…

Insomnio, parte 2

Miró la vía, vacía, oscura, silenciosa, sólo dos pequeños y fríos bancos ocupados por tres personas. Como de la nada sonó una mala megafonía: “Señores clientes el tren del sueño viene con retraso, sigan con su insomnio hasta nuevo aviso…”


Teseo se aprovechó del amor que Ariadna le profesaba, conseguir laureadas glorias al matar al Minotauro bien valía esa pantomima. Al no aguantar esa burla de amor, la dejó en Naxos con la vana promesa que en breve regresaría. Ariadna, cansada tras el largo viaje se quedó dormida esperando a su amado. Ignoraba que al despertar un apuesto desconocido llamado Dioniso cambiaría su destino, descubriendo así el verdadero sentido del amor…

(Galleria degli Uffici, Florencia)

 

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Viento…

Publicado: 12 febrero, 2018 en (S.R.J.)
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El viento gira, revuelve, embiste, roza, araña, juega, danza, acaricia, abraza. El viento habla, aulla, grita, susurra, enmudece, rabia. El viento avanza, sin permiso, cerrando puertas, abriendo ventanas, doblegando a quienes le temen.